Lo han llamado "duelo de titanes", pero la verdad es que uno facturó 20.000
millones de euros, y el otro, 3.000, entre enero y septiembre del 2006. Está en
juego un mercado, el de los microprocesadores, que a cada paso exige más
potencia y nuevas inversiones en capacidad industrial. Quien se detenga habrá
perdido la carrera.
La batalla por la supremacía en el mercado de los microprocesadores es desigual,
pero encarnizada. El 30 de noviembre AMD anunciaba su nuevo chip para
servidores, al que ha apodado Barcelona. Es el primero de una serie -
nominalmente Quad FX Platform- al que se añadirán pronto Shanghai y Budapest.
Ante la presión mediática del anuncio, Intel decidió que era oportuno adelantar
dos meses el anuncio de un nuevo miembro, el quinto, de su familia equivalente.
Estas dos novedades se inscriben en la emergente categoría de procesadores de
cuatro núcleos. pero no estarán disponibles hasta mediados del 2007.
Tanta premura en anunciar productos antes de su disponibilidad revela la
seriedad del duelo que libran ambas empresas. AMD saltó la primera al mercado
con microprocesadores de doble núcleo, y gracias a esta ventaja temporal - que
muchos analistas atribuyeron a errores de Intel- pudo apropiarse de una quinta
parte del mercado de servidores, mientras su rival sufría una caída en sus
ventas, pero la fuerza del líder le ha permitido recuperar la iniciativa, de
manera que los críticos han pasado a predecir que Intel llegará antes a la meta
de la próxima generación.
Esta competición, poco aparente para el
público, gira en torno al dominio de la fabricación de chips con circuitos de 65
nanometros, límite actual del ancho que puede litografiarse sobre un sustrato de
silicio. Cuanto más estrecho sea el circuito -un nanometro es la milmillonésima
fracción del metro-, mayor será la capacidad de procesamiento de los equipos que
los utilicen. Los equipos de I+ D ya trabajan en la siguiente fase de
integración, los 45 nanometros, pero su producción masiva no es sólo una
cuestión tecnológica, sino también financiera, por encima de todo. Será
interesante observar el efecto de esta pugna sobre dos empresas cuya cifra de
negocios muestra una relación de 6 a 1, a favor de Intel.
Desde la
óptica de los usuarios, esta carrera tiene una importancia relativa, porque la
velocidad y el rendimiento que se obtienen combinando varios núcleos en un
procesador único reflejan una proeza técnica que sólo interesa a las empresas
equipadas con servidores capaces de procesar varias tareas simultáneamente. La
inmensa mayoría de los usuarios de ordenadores - si se exceptúa a quienes
trabajan con imágenes de alta resolución- se preocupa más por el precio que por
las métricas de rendimiento que cada fabricante pregona en favor de su producto.
Esto no minimiza la evidencia de que la pugna entre éstos contribuye a bajar los
precios, lo que es siempre bienvenido por los clientes. Al final, vencerá la
compañía que alcance economías de escala para recortar sus costes, bajando los
precios y obligando al adversario a hacer lo mismo. De momento, AMD ha jugado
con más consecuencia esta carta.
La otra cualidad a la que ha de prestar
atención esta industria - y los clientes finales, por la cuenta que les tiene-
es la eficiencia energética de los microprocesadores: a medida que crecen en
potencia, necesitan más alimentación y más refrigeración. Cada fabricante
esgrime datos que hablan en su favor, intentando convencer de que el consumo de
los servidores basados en sus chips es inferior, medido en vatios, al de su
competidor. Según AMD, por cada kilovatio de energía que gasta un centro de
datos, otros cuatro se despilfarran.
En su conferencia con analistas, el
presidente de AMD, Héctor Ruiz, ha prometido que en el 2007 volverá a
incrementar su cuota de mercado, con una subida del 20% en las ventas, el doble
de lo que, supone Ruiz, crecerá su competidor. La reciente compra de la empresa
ATI, sumada a la previa de Nvidia, le permitirá auparse al liderazgo del mercado
de procesadores gráficos y, por esta vía, adquirir presencia en la electrónica
de consumo, como proveedor de la industria de televisores digitales. Asimismo,
es el suministrador común de chips gráficos para dos de los tres modelos que se
disputan el mercado de consolas: Xbox 360 y la nueva Wii de Nintendo. Y, aunque
no hace especial gala de ello, su nuevo perímetro le vincula a los fabricantes
de teléfonos móviles, que crecientemente incorporan capacidades gráficas. |